RECORRIDOS PARA TODOS LOS NIVELES


 Este es el objetivo final de cualquier diseño, crear un recorrido apto para el golf comercial y para el de alta competición. Sería necesario precisar qué se entiende por cada uno de ellos.

 


* GOLF COMERCIAL

 

Se pretende conseguir un diseño tal, que permita que el juego de los amateurs resulte lo más satisfactorio posible. Es decir, lograr que jugadores con handicaps comprendidos entre 15 y 24 en el caso de los hombres y de 18 a 30 en el de las mujeres, los más habituales en un campo de golf, disfruten al máximo de su visita al Club.

 

¿Qué hace que este tipo de jugadores u otros de mayor nivel gocen de un buen día de golf?

 

Algunos factores son muy importantes pero escapan a la competencia del diseñador. Este es el caso de los climáticos. Un día al aire libre, en unas condiciones ideales es un placer para cualquiera, el caso contrario cabe catalogarlo como un suplicio.

 

El paisaje también tiene su importancia en el resultado final. Una parte de él depende de la ubicación del terreno. Cualquiera puede imaginarse paisajes idílicos donde situar un campo de golf, bien porque los han disfrutado en primera persona, los han visto en alguna retransmisión televisiva o simplemente se los pueden imaginar. El caso contrario también es sencillo de recrear. A partir de cualquiera de los dos escenarios mencionados, es donde el diseñador tiene que desarrollar su cometido y será el responsable de incrementar el potencial de los primeros o de transformar radicalmente los segundos, convirtiéndolos en ambientes amigables.

 


Ahora es el momento de comentar algunos otros aspectos del diseño que son única y absoluta responsabilidad del diseñador en su búsqueda del objetivo pretendido.

 

Así por ejemplo, la variedad. Se trata de crear una colección de hoyos que se diferencien entre sí lo más posible. Ya sea por su ubicación en el paisaje, su orientación, su dificultad o por los elementos singulares que los definen: bunkers, lagos, arroyos, desniveles, arbolado, etc. El caso contrario, la monotonía, creará en el jugador una sensación que ni logrando birdie en los 18 hoyos, su mente se llamará a engaño.

 

Y éste último aspecto es obviamente muy importante, la dificultad. Sin embargo, hay que matizar y relativizar debidamente este concepto. Si no lo hiciéramos llegaríamos a la conclusión de que el objetivo es crear un hoyo que sea más fácil que el anterior para que así el jugador “disfrute”. El resultado no haría falta calificarlo.

 

Por el contrario, se trata de conseguir una colección de hoyos que respondan a las tres categorías: fáciles, medios y difíciles. El jugador principiante no necesita para satisfacer sus exigencias batir su mejor resultado o rebajar su handicap cuando visita un campo por primera vez. Se contenta con arrancar algún birdie y algunos pares al campo, empleando los puntos que en dichos hoyos el handicap le otorga. Él sabe por experiencia que los doble y triple bogeys aparecen con más frecuencia de la deseada. Por tal motivo, la mayoría de las competiciones para este tipo de jugadores y cuando ellos juegan amistosamente entre sí, lo hacen bajo cualquier modalidad que no sea medal play, es decir: stableford, sindicato, mejor bola, etc.

 




El diseñador, empleando lógicamente el recurso de crear diferentes tees en cada hoyo, puede conseguir que lo que para un profesional sea un hoyo de gran dificultad, sin embargo para un amateur no muy experimentado se trate de un hoyo propicio. Pensemos en un par 3 de aproximadamente 200 m desde el tee de profesionales con un green bien defendido por cualquier tipo de obstáculos y sin embargo, con una entrada franca sin obstáculos frontales a green y que presenta, aproximadamente 125 m desde el tee comercial de señoras. Desde él, un golpe cualquiera, incluso una bola “topada”, pero que recorra rectamente la distancia necesaria, acabará en green. Dos putts más tarde y considerando el golpe que el campo le regala por su handicap, hará que la jugadora anote un birdie en su tarjeta.


En el caso de nuestros diseños, donde acostumbramos a diseñar 6 pares tres, junto a 6 pares cuatro y 6 pares cinco, la opción descrita se presenta con facilidad.

 

En relación con lo anterior encontramos el papel fundamental del diseñador a la hora de situar los obstáculos. La dificultad de un hoyo no se mide únicamente por su longitud, sino que intervienen otros muchos factores. En nuestros diseños analizamos hasta cien factores por hoyo. Sin embargo, vamos a limitarnos a comentar el papel de los obstáculos.

 

Es frecuente, encontrar agujeros repletos de bunkers, por ejemplo, para dar una nota de color. Así supongamos que a 100 m del tee de amateurs encontramos un bunker que incluso puede presentar una profundidad respetable. ¿Qué significa esto?, pues simplemente que tras una salida desastrosa, el jugador se llevará la agradable sorpresa de ver que su bola se encuentra, por si no fuera poco, en un lugar desde el que necesitará dos o tres golpes para sacar la bola del obstáculo. Seguidamente, intentará buscar el green de ese par 4, relativamente corto. Tras intentarlo con un simple hierro 7, ve como falla el golpe claramente y se queda a 20 m del green. Cuando acude a jugar su quinto golpe, se lleva la sorpresa de que el diseñador ha emplazado un bonito lago. Es decir, en una zona en la que el peor fallo de un buen jugador nunca iría su segundo golpe, ya que de fallar el green lo haría por 4 ó 5 m, a lo sumo, el diseñador se ha sentido con la obligación de ofrecernos su creatividad artística. Es así, como nuestro sufrido handicap alto acaba firmando un redondo 10 en uno de los hoyos más fáciles del campo.

 

 

Algo similar puede ocurrir con el tratamiento que los diseñadores dan al moldeo del terreno de juego. Muchos hablan de campos naturales, pero solo aquellos que cumplen con las normas típicas del naturalismo y del minimalismo, conciben terrenos de juego perfectamente integrados en el entorno. Los otros, los aficionados a los excesos creativos, se pierden entre dunas, montículos que parecen pirámides y otras aberraciones que lejos de ser muestras de arquitectura de golf son auténticas “arquitorturas”. Por supuesto la jugabilidad del campo en estos casos se resiente, aumenta la pérdida de bolas, el tiempo de juego y el coste del mantenimiento del campo.

Sin embargo, es curioso comprobar como existe un porcentaje de jugadores significativo, que precisamente por su desconocimiento real del juego, bien por tratarse de jugadores noveles, o bien por “snobismo”, se quedan impresionados y con gusto pagan un green fee que supera bastante el precio medio de otros campos.

Éste es por último, otro factor no poco importante a la hora de conseguir la satisfacción de un cliente, la relación calidad/precio. Un buen trabajo de diseño, no solo habrá conseguido crear un campo de golf de calidad que reúna todos los aspectos anteriormente comentados. Sino que también garantizará un mantenimiento viable y compatible, dentro de un presupuesto de construcción ajustado, que  haga posible en la explotación comercial posterior, una política de precios atractiva a la hora de atraer jugadores.

 Estos son algunos de los aspectos que un campo de golf debe presentar para poder ser considerado como un campo realmente comercial. Obsérvese cómo para alcanzar tal nivel no hay que limitarse a las consabidas etiquetas de “campo fácil pero divertido” y otras semejantes que tanto se emplean.

 

 

 

* GOLF DE ALTA COMPETICIÓN

 

El mismo tipo de campo descrito anteriormente y catalogado como comercial, puede ser susceptible de albergar competiciones del más alto nivel.

 

La razón es sencilla de entender, cumple con el requisito principal que cabe exigir para ello, la imprescindible calidad. De su mano y de un modo inherente se desprenden todas las cualidades ya repasadas y que al final se traducen en otra característica específica de este tipo de campos: la selectividad.

 

Se trata de presentar ante el jugador un conjunto de retos y situaciones que le obliguen a desplegar todas sus habilidades para hacerlas frente. Se pretende que quien mejor juegue tenga más posibilidades de ganar. Por jugar mejor, cabe entender, poseer el repertorio de juego más completo: juego corto, potencia, estrategia, capacidad de recuperación, manejo de la bola, agresividad, gama de recursos, etc.

 

El contraejemplo puede resultar esclarecedor. Un campo donde sea indiferente emplear el driver, la madera 3 o un hierro para realizar el golpe de salida, porque la diferencia a la hora de ejecutar el segundo golpe, solo dependerá de la distancia recorrida y éste no será más de un hierro 8 en el caso del golpe más corto desde el tee, o un blaster en el caso contrario. Es decir, al final se limita a un concurso de putt. Ganará el más habilidoso en esta faceta tan importante del juego, pero que no debe de tener la exclusividad en ningún caso. Es decir, auténticos campos de pitch and putt, donde en caso de celebrarse una competición de profesionales los resultados superan los 20 bajo par y que como remedio a tan vergonzante situación, a los organizadores solo les queda el remedio de defender el campo con abundante rough en cualquier lugar que no sea estrictamente la calle, con lo que cualquier posibilidad de espectáculo queda eliminada.

 



Ésta es la triste situación que se origina cuando un profesional de alto nivel se enfrenta a uno de esos campos “divertidos”. No sirve argumentar, que esto sucederá una vez cada muchos años, si es que llega a producirse, porque lo que el mercado exige y cada día con mayor intensidad es competitividad, y en la lucha por captar clientes solo los que sean realmente polivalentes, es decir aptos para el golf comercial y de competición triunfarán.

 

El cumplimiento de estos requisitos debería ser el objetivo principal de los sellos de calidad que recientemente han descubierto el mundo del golf como dicho de negocio y que pugnan por hacerse imprescindibles para que un campo de golf pueda ser acreditado como tal.