JL Martinez Almeida y John Rahm MARCA

La opinión de José Luis Martínez-Almeida

La estirpe de grandes deportistas que ha tenido España tiene como uno de sus grandes símbolos a Seve Ballesteros. Su precocidad, su talento y su capacidad de trabajo asombraron al mundo del golf desde su temprana victoria en el Open Británico, que le catapultó como uno de los grandes jugadores del mundo, reconocimiento oficial que llegó cuando alcanzo el número uno mundial.

Tuve la enorme suerte de poder seguirle en directo en el último Open de España que jugó, y que se celebró en el Club de Campo. Si bien ya estaba en el ocaso de su carrera, no es menos cierto que verle en un campo de golf fue una experiencia única, porque se le caía el talento de los bolsillos a cada golpe que daba.

Su carrera no puede entenderse sin su contribución a la Ryder Cup, donde junto con Txema Olazabal conformaron la mejor pareja de la historia, y consiguieron que la tiranía deportiva americana en esa competición, se transformara en un torneo dominado en los últimos treinta años por Europa, y que significa además la única competición donde los europeos forman equipo.

Tras Seve hemos tenido grandes jugadores; una de mis debilidades es Sergio Garcia, pero ha llegado, y para quedarse, un monstruo como Jon Rahm. Tan grande como buena persona. Tan descomunal talento, como sencillo en el trato. Porque los mejores suelen serlo en todos los terrenos. Jon Rahm ha conseguido con 25 años lo que para muchos sería la consagración de una carrera: ser el número 1 del ránking mundial. Y lo ha hecho tres años más joven que el mejor de todos los tiempos, Seve.

Lo que es difícil es saber dónde se va a parar el contador de los éxitos de un golfista que tiene por delante un recorrido que se antoja casi infinito.

Hace casi un año, con ocasión del Mutua Open de Golf de España, pasé uno de los mejores momentos de mi vida como acalde, como aficionado al golf, y como seguidor del Atleti. En el incomparable marco del estadio Wanda Metropolitano, los organizadores habían preparado un acto de promoción del torneo. Había dispuesta una plataforma sobre las gradas -no lejos de donde me siento en mi localidad de abonado para los partidos del Atlético- desde la que había que golpear la bola hacia una diana dibujada en el centro del campo. Me vi junto a Sergio García, Rafa Cabrera y el colosal Jon Rahm. Salí vivo del envite pero con las piernas temblando después de dar tres golpes, relativamente fáciles de ejecución ya que apenas la distancia era de 90 metros.

Esos días también pude disfrutar de un recorrido con Jon en el campo. Con él tengo en común la pasión por este deporte que, como le sucedió a Jon y también a Seve, me vino inculcado por mi padre.

Me pareció un tipo, no hablo ya como jugador, sencillo, directo, con la cabeza muy bien amueblada, y con enorme paciencia con mi juego, siempre presto a darme alguno de los múltiples consejos que necesito. Eso sí, le desesperó mi incapacidad para meter los putts de menos de un metro.

Al echar la vista atrás me doy cuenta de la inmensa suerte de haber podido, sobre el mismo campo de golf, seguir en vivo, y haber podido jugar con los dos números uno mundiales que ha tenido España en el golf.

España es un país excepcional para el deporte del golf. Hay campos de todo tipo, más o menos exigentes, y una afición encomiable, un clima extraordinario y aun así Jon es una anomalía, en un país donde practican el deporte de golf el 0,6% de la población, frente al 12% de EEUU, y aun así España siempre tiene algún jugador a lo largo de la historia, entre los mejores. Por nombrar algunos, Chema Olazábal, Sergio García, Miguel Ángel Jiménez, Severiano Ballesteros, y ahora Jon. Talento español, sin duda bien enfocado por los clubes y las instituciones deportivas, como la Real Federación Española de Golf.

No obstante, debemos valorar en su justa dimensión el alcance mundial que tiene la proeza de Jon Rahm, tras apenas cuatro años de profesional.

El año que viene se cumplen diez años del fallecimiento del que posiblemente fue el golfista con mayor talento que haya pisado un campo de golf. Estoy seguro de que, desde donde nos mira, estará disfrutando por volver a ver un español, con tanto talento y sobre todo con tanto futuro, en lo más alto del escalafón mundial.

¡¡Larga vida al rey Rahm!!

*José Luis Martínez-Almeida es alcalde de Madrid