Pedreña pueblo SEVE BALLESTEROS

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Un día en Pedreña

«Que Severiano saliera del pueblo es como si de Jamaica sale un gran esquiador»

Autores: ALEJANDRO PEINADO Y ELENA FERNÁNDEZ

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Severiano Ballesteros puso en el mapa y convirtió una pequeña localidad cántabra en la capital española del golf

Históricamente Cantabria ha sido el lugar de retiro al que acudían los Reyes de España durante el verano con el fin de escapar de las altas temperaturas. Sin embargo, en la provincia del norte también cuentan con un ‘rey’ autóctono, Severiano Ballesteros. Nacido en la localidad cántabra de Pedreña, Seve fue uno de los mejores golfistas de la historia.

Se convirtió en el primer europeo en ganar el prestigioso Másters de Augusta, torneo que conquistó en dos ocasiones y levantó al cielo tres British Open. Palmarés que enorgullece a sus vecinos pedreñeros. «Era un genio. Fue a competir a Estados Unidos y ganó a todos, no le tembló el pulso. Ha sido un orgullo tener a Severiano en Pedreña», afirma Gonzalo, amigo de la infancia de Ballesteros.

Como toda historia, tiene un comienzo y la de Severiano empezó en Pedreña, donde inició su idílica relación con el golf. Descendiente de una familia humilde, Ballesteros entró en contacto por primera vez con un campo de golf siendo el ‘caddie’ de los aristócratas que practicaban dicho deporte. «Solo podíamos entrar al club de golf de Pedreña haciendo de ‘caddie’ de las personas pudientes que practicaban el deporte. Pagaban muy poco, menos de los que costaba un pelota de golf en aquella época», recuerda con añoranza Monchi, amigos de Severiano.

La admiración hacia Ballesteros se nota no solo en su localidad, donde una estatua en su honor da la bienvenida a todo aquel que llega al pueblo, sino en toda Cantabria. Los vuelos que aterrizan en Santander lo hacen en el aeropuerto que lleva su nombre y una de las principales calles del paseo marítimo también se llama Severiano Ballesteros.

Pedreña le permitió vivir en primera persona todos los escalafones del golf e influyó en la personalidad de Severiano, que nunca olvidó sus orígenes. «Fue una persona a la que no le cambió la fama. Tuvo siempre en cuenta de donde vino y nunca olvidó sus inicios como ‘caddie’. No era nada creído», apunta Gonzalo.

Al escuchar la descripción de Gonzalo, Iván Ballesteros, sobrino de Severiano, no pudo evitar recordar con cariño cómo era su tío. «Tenía una personalidad arrolladora. Cuando entraba al vestuario los rivales notaban su presencia. Debía ser así para ir a Estados Unidos y ganar a todos siendo tan joven. Su capacidad de sufrimiento también fue una de sus grandes cualidades. Siendo bastante más mayor que yo siempre que íbamos a correr o a montar en bicicleta aguantaba más y mejor, era muy deportista».

Tanto que se dedicó al golf por vocación, pero también destacó en otras disciplinas deportivas. «Era una de esas personas a las que se le daba bien todo. Hubiera sido el mejor en el deporte que hubiera practicado. De hecho, el primer trofeo que ganó fue en atletismo», desvela Gonzalo.

Unió a Pedreña

Todos los logros de Severiano fueron seguidos al detalle por sus vecinos pedreñeros, incluso aquellos que consiguió al otro lado del charco. «Cuando él jugaba todo el pueblo se unía. Nos reuníamos en un bar en el que no entraba ni un alfiler. Incluso venía gente de otras ciudades para ver cada torneo. Para él era importante tener el apoyo del pueblo y tenía el de todos los pedreñeros. Seve siempre se mostró orgulloso de ser de Pedreña», revela Gonzalo.

Sus vecinos vibraban con cada aparición de Severiano y se contagiaban de la pasión con la que disfrutaba del golf. Tal era su entusiasmo que podía estar físicamente presente en un lugar, pero mentalmente estaba con el palo en el campo entrenando. «Vivía por y para el golf. Iba de la escuela al campo y del campo a la escuela. De jóvenes quedábamos todos en la plaza y él no aparecía hasta por la noche porque venía de estar practicando golpeos de golf», apunta Gonzalo.

Iván Ballesteros se suma compartiendo una anécdota que demuestra la pasión por el golf de Seve. «En una ocasión estando en el cine, él no paraba de pensar en un determinado golpe, así que en mitad de la película se levantó y se fue a practicar el tiro hasta altas horas de la noche».

‘A puro huevo’

El golf, como todo, ha evolucionado a pasos agigantados en las últimas décadas. Tanto en el aspecto organizativo como en lo que a material e instalaciones se refiere. Actualmente la persona que decide practicar golf lo puede hacer con total facilidad en un campo que cumpla todas las condiciones, con palos de mayor calidad y con un instructor que supervise y enseñe cómo jugar.

Esto último hace medio siglo era imposible, por ello, Severiano tuvo que aprender como él mismo decía, ‘A puro huevo’. «Lo de Ballesteros no tiene nombre. Todo lo que aprendió lo hizo él solo y con materiales de mucha peor calidad que los que hay en la actualidad. En Pedreña no tenía recursos y en España el golf no era un deporte que se practicara con asiduidad. Su figura es como si en Escocia sale un buen torero o en Jamaica un gran esquiador», compara Iván Ballesteros.

Estatua de Seve ballesteros en Pedreña

Paralelismo que no acaba ahí y que Iván extiende no solo al golf, sino al panorama deportivo en general. «Hay grandes deportistas españoles como Rafael Nadal, al que admiro mucho, Pau Gasol, Fernando Alonso, pero teniendo en cuenta los pocos recursos con los que ha contado Severiano, él es uno de los mejores deportistas españoles de la historia», explica orgulloso Iván Ballesteros.

A problemas, soluciones

La falta de recursos y de entrenadores en Pedreña no fueron los únicos obstáculos que tuvo que superar Severiano para poder practicar el golf. También tuvo que lidiar con la ausencia de material cualificado y el inconveniente más difícil, la carencia de campo de entrenamiento.

No podía acceder al club de golf de Pedreña, por lo que tuvo que tirar de creatividad para encontrar otro lugar en el que pudiera entrenar. «No podíamos pasar al campo de golf a practicar, solo teníamos acceso para hacer de ‘caddie’, así que Severiano se iba a la playa de Somo y allí era donde entrenaba. Además lo hacía con materiales improvisados. Para el cuerpo del palo utilizaba una rama de abedul y las piedras actuaban de bolas», recuerda Gonzalo Gutiérrez.

Pedreña tuvo un papel importante en los orígenes, pero también en la última etapa de la vida de Severiano. Sus últimos años los pasó en su localidad natal luchando contra la enfermad de la manera que mejor sabía, practicando deporte. «Los tres últimos años estuve muy cerca de Seve y cada día se ejercitaba. La tranquilidad del pueblo le permitió practicar deporte, algo que hacía todos los días ya fuera caminando o con el palo de golf», rememora Antonio, amigo de Seve. El mismo que convirtió un pueblo en la capital del golf.